lunes, 20 de mayo de 2013

Descendiente de un Rey africano esclavo vive en Bolivia


La Familia Real Afroboliviana está compuesta por S.M. el Rey Don Julio I, su esposa, la Reina Doña Angélica y el heredero al Trono el Príncipe Rolando. Residen en la pequeña ciudad de Murarata (La Paz, Bolivia).

S.M. el Rey Don Julio I.(1).
   Su Majestad el Rey Don Julio I, nació en Mururata el 19 de febrero de 1942. Ha sido reconocido oficialmente como Rey Afroboliviano el 3 de diciembre del año 2007.

La Reina Doña Angélica, junto  
a Su Majestad el Rey.


   La Reina Doña Angélica, mujer inteligente, muy trabajadora y responsable, fue en dos ocasiones, a partir de 1997, alcaldesa de Mururata, y bajo su gestión se consiguió el agua potable y la construcción de la plaza pública, entre otros logros (2) .

El Príncipe Rolando, heredero al Trono.
   El Príncipe heredero Rolando, nacido el 30 de julio de 1994, es un joven muy despierto, que quiere dar lo mejor de sí mismo para bien de su pueblo. Siente, además, una profunda responsabilidad y un gran deseo por ser el digno continuador de su estirpe. La mejora de las condiciones de vida de su Pueblo es su obsesión y es un experto comunicador en todas las redes sociales. Actualmente ostenta, por deseo expreso de su padre el Rey, la Gran Cancillería para África de la Real Orden del Mérito del Príncipe Uchicho. 
 

EL ÚLTIMO REY NEGRO


Julio Pinedo, campesino de los Yungas, fue condecorado como monarca de los afrobolivianos en 1992 y 2007. Sin embargo, parte de la agrupacion negra no comulga con la designación. El debate gira ahora en torno  a la sucesión y al linaje real.
El camino a la pequeña localidad de Mururata parece interminable. Es parte de un viaje en el que uno tiene la sensación de que puede llegar a todas y a ninguna parte en un instante. Anclado en pleno Yungas, a unos 96 kilómetros de La Paz, mecido por las nubes y como descolgado de un cielo de alabastro, el pueblo se esconde trepando el cerro, rodeado de una luz difusa, de verdes desgastados y azules filtrados por los árboles. Cuando ya casi estamos llegando, un campesino, con una seña, hace parar la movilidad. Nos pide que le acerquemos a su terrenito, que queda cerca; y el trayecto se convierte en un intercambio de impresiones. ¿Qué le parece a usted el rey negro?, le pregunto. «Regular», contesta como un tiro. ¿Y por qué? «Ya lo verán ustedes».
Cuando su rastro se pierde por una estrecha vereda, aparecen las primeras construcciones, la mayor parte de adobe y calamina. Un viento suave se adueña de todo como un eco. De las puertas de las casas, entreabiertas, se asoman algunos pares de ojos para observar la escena. Y cerca de la plaza, en plena esquina, se alza la morada de Julio Pinedo, el monarca de los afrobolivianos. Según la historia, descendiente directo de un antiguo rey de Senegal cuyo hijo fue traído a Bolivia como esclavo.
Angélica Larrea, la esposa de Julio, se asoma tímidamente al advertir nuestra llegada. Son las cinco de la tarde del 14 de agosto, y el sol juega moldeando sombras. La mujer, de mediana edad, viste pollera de colores frescos y sombrero hongo. Está entrada en carnes, y nos recibe con una sonrisa franca. ¿Qué desean? «Vinimos a ver al rey». De las entrañas de la edificación sale una figura. Es Julio. Su rostro es duro, un tanto hosco, y su frente está esculpida por arrugas, como si mantuviera el ceño fruncido permanentemente. Tarda en pronunciar palabra. Está acostumbrado a las esperas. «Pasen», señala.



En el interior, latas de conserva, sacos de fideos y de harina, dulces, mantequilla, azúcar y un sinfín más de productos se agolpan desordenadamente. Con un rústico peso de metal, Angélica despacha la mercadería cada día. En los bajos de la casa, donde ahora nos encontramos, funciona una tienda de abarrotes. En el segundo piso se encuentra el dormitorio, con grandes ventanales de madera que dan a parar a la calle. Las paredes lucen desgastadas. Su tono azul se perdió hace mucho tiempo, pero es como si nada hubiera cambiado en los 14 años que tiene la estructura; la humedad lo impregna todo.
Una vieja mesa de madera es el lugar escogido para recibir a las visitas. Julio Pinedo se sienta al lado de una radiecita Sony que le sirve de compañía. Es parco en sus gestos. Y su vestimenta —un pantalón viejo, un camisa sucia con los primeros botones abiertos y una gorra negra— es la de un agricultor, no la de un rey. ¿Qué quieren saber?, interroga mostrando un diente roto. «Su vida», resumo en un segundo.
EL LINAJE REAL
«Yo soy el mayor de dos hermanos. Nací el 19 de febrero de 1942. Mi papá nunca pudo reinar. Murió en un accidente. A mí me crió mi abuelo, Bonifacio Pinedo. Mi bisabuelo era José Pinedo. Y ambos trabajaron en una hacienda que actualmente pertenece a la familia Cariaga. Mi abuelo también asumió como rey, y hablaba a menudo de nuestros antepasados. Eso nomás le puedo contar», dice conciso.

Según Martín Cariaga, director del Grupo Boliviano de Turismo (GBT) y dueño de la hacienda Mururata, Julio Pinedo es descendiente directo de Uchicho, un príncipe africano que arribó a Bolivia en uno de los últimos contingentes de esclavos, alrededor de 1820, y terminó en la zona de los Yungas, en el norte del departamento de La Paz, trabajando los terrenos de cultivo del Marqués de Pinedo, un hacendado español muy reconocido.
«A Uchicho lo coronaron en 1832 —relata Cariaga—. Los más ancianos cuentan que su padre, antes de morir, mandó para tal fin su corona, su capa, su bastón de mando y un chaleco bordado en oro y plata. Después, vino Bonifaz, quien, como era la costumbre, adoptó el apellido de sus patrones, Pinedo». Y más tarde, como antes comentaba Julio Pinedo haciendo memoria, la sucesión estuvo protagonizada por don José y don Bonifacio, a quien todavía recuerdan los nonagenarios de la zona.
Frente a la casa del actual monarca, reside Pedro Rey Pinedo, de 91 años, quien en calidad de peón trabajó en condiciones de esclavitud durante varias décadas. Pedro parece ausente, como sumido en una duermevela. Está levemente recostado sobre un catre, con un par de muletas de madera a su lado. Una barba escueta y canosa da brillo a su tez oscura. Sus manos son grandes y robustas. Y, cuando habla, pareciera que podría ahogarse en cualquier instante. «Yo fui tratado como esclavo desde los 10 años —me confiesa—. Se trabajaba tres días para la hacienda y tres para uno mismo. Si no hacías bien las cosas o te atrasabas, te sacudían con el látigo. Y eso bien lo sabía Bonifacio». «Bonifacio —prosigue— era gordito, buena persona. Vestía como rey; y los muchachos le jaloneaban siempre de sus ropajes».
Martín Cariaga asegura que en la hacienda Mururata todavía se conservan extrañas incisiones en las piedras laja. «Seguramente —precisa—, son las marcas por los días trabajados en favor del rey negro, pues éste no trabajaba, ya que la mayor parte de sus labores eran realizadas por la servidumbre, por el resto de los afros».

Jorge Medina, director ejecutivo del Centro Afroboliviano para el Desarrollo Integral y Comunitario (CADIC) añade, por su parte, que Bonifacio se rebeló. «No aceptaba imposiciones y por eso se escapó a vivir a un terreno al que llamó La Soledad. Los patrones, temiendo que se levantara, le ofrecieron que asumiera el liderazgo entre los suyos y le dieron privilegios, lo que evitó que se concretara una revuelta».
LAS CORONACIONES
Es temprano, 15 de agosto por la mañana. Julio Pinedo continúa con su rostro impávido, inexpresivo y afilado, como si un molde hubiera fijado en sus facciones una huella permanente de desolación y de tristeza. Sujeta el machete como si fuera la prolongación de su brazo. Ha desayunado apenas un café y un pedazo de pan, pero se siente ya con fuerzas. Está colocando unos espinos en la entrada de su propiedad. «Si no, entran a robarme», se lamenta. Y comienza su habitual peregrinaje por un paraje con alrededor de cinco hectáreas. «Cultivo cítricos y coca. La cosecha de la fruta es anual, pero la hoja de coca se produce tres veces al año», explica. «Es por eso que la mayor parte acá somos cocaleros».
De lunes a sábado se repite la rutina. «De 8:00 a 17:00 estoy en el campo. Allá como plátano, arroz, huevo o charquecito. Luego, cuando vuelvo a casa, trato de descansar un poco. A veces, miro la novela. Uno aprende. Ahora estoy justo viendo una de un hombre que se ha separado de su mujer y se ha casado con una muchacha joven. Todo un lío. Pero esas cosas pasan, incluso en estos pueblos».

Julio es hacendoso, un sabio en las cuestiones del campo, pero no es el rey que muchos se imaginan. El traje real descansa posiblemente en un armario —no quiere decirme—, no tiene palacete, y ni siquiera una oficina en Mururata —es decir, cero privilegios—. Le molestan las visitas, le incomodan las preguntas, y, sin educación formal, no es hábil para la diplomacia. Su aspecto es taciturno y su cadencia al caminar, con el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante y la mirada gacha, es más propia de campesino que de monarca. Sin embargo, ha sido coronado ya dos veces.
La primera fue en su pueblo, en 1992. «Casi tuve que convencerle de su condición. Mi madre siempre me hablaba del rey negro, de su abuelo Bonifacio. Y yo quise rescatar la tradición. Tuve que mostrarle libros de Paredes Candia. Me presté la capa y la corona originales del Museo Costumbrista de La Paz. Hasta que por fin aceptó la designación», me sitúa Martín Cariaga.
La ceremonia se celebró en la capilla del Timbel de la hacienda Mururata, recuperando una tradición antigua, la Fiesta del Rey, que solía celebrarse el primer sábado de la Semana Santa, fecha que estaba dedicada a San Benito —patrón de los afrobolivianos—. Aquel día, un 18 de abril, zampoñas y coplas homenajearon a Julio Pinedo. Se bailó a ritmo de saya y se leyó un bando real que así decía: «Todas las personas, hasta los blancos, mestizos e indígenas, deben guardar por el rey respeto y consideración (…); y pobre del que se haga la burla, pues guardas negros munidos de látigos le harán rendir honor a su figura».
La segunda coronación, entre tanto, es más reciente. Fue auspiciada por la Prefectura después de un estudio y tuvo lugar el pasado 3 de diciembre en el hotel Presidente de La Paz. Para la ocasión, Julio vistió una capa roja con detalles africanos diseñada por Beatriz Canedo Patiño —quien elaboró la vestimenta del presidente Evo Morales para sus palabras de investidura en el Congreso—. No hubo grandes discursos. Pero una alegría especial se sentía entre los presentes, la mayoría afrobolivianos.
No en vano, hasta el momento, Julio Pinedo es el único descendiente reconocido en América Latina de un rey africano. Antaño, en otros países, hubo otros: Benkos Biohó en Cartagena de Indias (Colombia), Miguel en Venezuela y Balanco en Panamá. Pero Julio Pinedo es el único con linaje real en la actualidad.
LA ESCLAVITUD

El calendario señala el 16 de agosto. Y la localidad de Tocaña, próxima a Mururata, está de fiesta. Frente a la iglesia, don Manuel, un viejito afro de lentes gruesos que viste un colorido traje de domingo, aguarda la misa. «Yo soy viudo, pero tengo 20 hijos», relata. Manuel fuma como quemando el tiempo. Como tantos otros, tuvo que trabajar como peón en las haciendas, y el cansancio es ya parte indisoluble de su cuerpo.

Para el historiador Fernando Cajías, la historia de Manuel es conocida. La ha escuchado de otras bocas muchas veces. Y es consciente de que el sufrimiento de la agrupacion negra se extendió hasta bien entrado el siglo XX.
«Para mí —analiza—, en la conquista no se produjo el encuentro entre dos mundos, sino de tres. El tercero es el africano. Entre 13 y 20 millones de esclavos fueron arrancados de sus países para ser llevados hasta el Nuevo Mundo. Mucho más que el europeo, el negro fue el gran colonizador de América».
Los textos que mejor recogen esta realidad son los de los cronistas españoles, que dan fe de que desde el año 1500 puertos colombianos, peruanos y argentinos daban cobijo a los barcos de prisioneros que llegaban desde las aguas del continente negro. La mayor parte venía de Benguela, Biafra, Angola y Congo, y hacía escala en la isla senegalesa de Gorée, utilizada como albergue transitorio.
Si sobrevivían a la navegación, a los negros les esperaba un intenso maquillaje para ser vendidos en los mercardos o en las ferias, donde a menudo eran marcados con fierro como vulgares cabezas de ganado. Tal era su condición de mercancía que sus dueños les llamaban «piezas».
En Bolivia, en un principio, los esclavos se ocuparon en la Casa de la Moneda. Allá trabajaban el metal que salía de la profundidad de los socavones. Para la tarea se empleaba a diez obreros, y los gases que emanaban del mercurio y el azogue mataron a muchos en pocos años. Dormían en la buhardilla, donde aún pueden verse las marcas de los grilletes. Finalmente, fueron mandados a los Yungas para trabajar en las propiedades de los terratenientes. Y, pese a que la esclavitud fue abolida en el país por Isidoro Belzu hace más de 150 años, no disfrutaron de una independencia real hasta 1953, cuando se impuso la reforma agraria impulsada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario.
Llegó la libertad, sí, pero, en cierta manera, siguieron condenados al ostracismo; y en 2001 se excluyó a más de 30.000 afrobolivianos de la catalogación de etnias elaborada por el Instituto Nacional de Estadística para la realización del censo, como si lugares como Chijchipa, Chicaloma, Chulumani o Dorado Chico no pertenecieran a ninguna parte.
MANDATO CUESTIONADO
En la cancha de fútbol de Tocaña, las mujeres recogen su pelo en trenzas infinitas. El sonido del reque reque y los tambores hace que bailen coquetamente saya. Menean las caderas al compás de los ritmos de herencias africanas. Algunas toman. La fiesta está en su máximo apogeo.
Julio Pinedo acaba de llegar. Carga dos cajas de cerveza para los prestes. Su semblante es serio, y no tarda en acomodarse en uno de los banquitos de escuela reservados a las autoridades. Pocos son los que le hablan. Viste pantalón gris, camisa clara y una gorra con el número 23 de Michael Jordan. Sus ojos, de un inteso marrón oscuro, se pierden en el horizonte.
«Él es así —me dice José Luis Delgado Gálvez, alias El Pulga, antropólogo que vive en la agrupacion hace más de 15 años—. Su carácter es bien especial. Pasa desapercibido y no es nada expresivo. Bonifacio tenía más personalidad. Pero así como es hay que entenderle. Para mí, lo que hay que destacar es que los indígenas tienen a su presidente y los afros a su rey».
A unos metros de nosotros, Juan Carlos Ballivián, ingeniero agrónomo de 31 años quien, como tantos otros, emigró a La Paz en su juventud para estudiar, no para de repartir bebidas, y su musculoso cuerpo se esconde tras un elegante traje negro. Pese a ser afro, está tocado con un sombrero de ala ancha de uso común entre los aymaras. Y ni siquera parece haberse dado cuenta de la presencia de Pinedo.
«En mi opinión —confiesa—, ese señor no representa a los afrobolivianos. Antes, el rey negro tenía una autoridad moral. Bonifacio estaba muy bien considerado. Se permitía el derecho de recomendar a las parejas y era mediador en los litigios. Pero ahora es todo lo contrario. Julio Pinedo no es referente, no es más que un símbolo. Dentro de su cabeza, no se siente rey. Hay otras personas que tienen más convicción de rey que él. No aglutina. Y lo peor es que no socializa ni con los afros».
Similar criterio tiene Juan Angola Maconde, economista negro que lleva años dedicado a recopilar los relatos y vivencias de los abuelos. «Julio Pinedo no tiene carisma. Lo han transformado casi en un elemento decorativo. Ni siquiera ha viajado a las agrupaciones afros para que se le conozca. No ha asumido su responsabilidad. No conoce bien ni sus raíces. Y no ha hecho nada por los derechos colectivos de nuestra población. Además, las dos coronaciones me parecieron mero 'show'. La primera estuvo auspiciada por un blanco; y la segunda, por la Prefectura, que para mí lo montó todo para hacer política».

Jorge Medina —del CADIC—, pese a todo, confía en el rol que se le ha asignado. «Yo espero que Julio Pinedo se involucre a este proceso de lucha que tenemos. Pienso que es importante que juegue un papel activo; y cada vez lo veo más abierto. Nosotros, como nuevas generaciones, tenemos que saber cómo llegar a él, teniendo en cuenta que ha sido toda la vida un campesino».
EL PRÍNCIPE ROLANDO
Escuelita de Mururata, 17 de agosto. Rolando Pinedo, de 14 años, se prepara para jugar fútbol. Lleva una equipación del Barcelona; y sus amigos le llaman «príncipe». Legalmente es el hijo reconocido del rey afro, pero realmente es su sobrino.
Los dientes de Rolando son azucarados, su pelo crespo y, al contrario que su padre, sonríe todo el tiempo. Es su antípoda. «A mí me gustaría estudiar historia para conocer más de nuestros ancestros», dice. ¿Y ser rey?, le interrogo. «Sería un orgullo, pero todavía no se ha decidido».
El debate en torno a la sucesión está más abierto que nunca. Para Juan Carlos Ballivián, el chico no tiene sangre real, y Julio Pinedo debería ser el último monarca. Para Jorge Medina, en cambio, las leyes le amparan para asumir el trono.
Ajeno a tantas circunstancias, Rolando coquetea con las chicas. Aprende rápido. Es uno más. Un muchacho del siglo XXI que trata de patear la pelota con destreza, al más puro estilo Ronaldinho.
EPÍLOGO
Antes de partir de retorno hacia La Paz, toco nuevamente la puerta de la casa de don Julio. Angélica, su esposa, ve televisión sentada en unas graditas; el rey, en una silla; como si la pantalla fuera su particular ventana al mundo. Ella hace un pedido: «Queremos construir un palacete para el rey, a ver si nos ayudan». Él, desde que he entrado, ni siquiera me ha mirado. Por primera vez desde que emprendí este viaje, su impronta me parece la de un rey. Sumido en sus silencios, se ve altanero.
«¿Me permitiría hacerle una fotografía con su corona?», le digo; y mi pregunta se hunde en un profundo vacío.
Julio no contesta. Es una estatua. Ni siquiera parpadea. Sus brazos se entrecruzan dando por terminada la visita, y apenas se reacomoda para dar un apretón de manos tibio. Su pose, hierática, me recuerda a la de un maniquí que hasta hace algunos años mostraba el ropaje original del rey en el Museo Costumbrista de La Paz.
Únicamente los separa una pequeña diferencia. Don Julio, enclaustrado como en un particular exilio, puede que tenga seguidores, pero no súbditos.
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 En lo que respecta a los fundamentos jurídicos que respaldan la legitimidad constitucional de la Realeza Afroboliviana (encarnada en Don Julio Pinedo, Monarca de los negros bolivianos) es incontestable y ha sido reconocida por su pueblo de forma expresa en dos ocasiones.
   En 1992, el Rey Don Julio fue coronado por la agrupacion Afroboli- 
viana en una lucida ceremonia, celebrada en la Hacienda del Marqués de Pinedo. 

Primera Coronación de S.M. el Rey Don Julio I, por  
parte de la agrupacion Afroboliviana.
  En efecto, el día 18 de abril de 1992, fiesta de San Benito, Patrono de la agrupacion Negra de Los Yungas, al ritmo de bombos, tambores y rascas, fue coronado Don Julio I en presencia de todos los afro descendientes bolivianos y numerosos pobladores blancos que llegaron desde diversos puntos para participar en las fiestas.
   En la Hacienda, y en el lugar destinado a la celebración, bellamente engalanado, un coro de jóvenes negros dio solemnidad al Oficio Religioso, cuya homilía hizo alusión al acto que se iba a realizar y a su significado.
   Don Julio Pinedo, escoltado por personalidades del pueblo, amigos e invitados, se dirigió en medio de cantos, palmas y flores a la plazoleta de la Hacienda para ser coronado Rey de los Negros Bolivianos, recibiendo, con marcada dignidad y majestad, los símbolos reales, el manto rojo y la corona.
   Don Martín Cariaga Osorio, propietario del lugar, le dirigió unas emotivas palabras que, sin duda, impactaron el ánimo de todos los presentes: "El Rey Bonifacio –dijo en tono solemne-, el Abuelo, coronado por última vez en 1932, era un hombre de bien, con personalidad, educado, de buenas costumbres, recto en su conducta y considerado por la gente con que se trataba, como un verdadero Rey. Eso serás de hoy en adelante, Julio Pinedo, Rey ya no de los esclavos, sino de hombres y mujeres libres que aspiran a una vida mejor, con dignidad y amor a esta Patria que es la nuestra y a la que juntos honraremos con firmeza para hacerla grande" (1)
   Una segunda coronación, esta vez oficial, tuvo lugar el 3 de diciem- 
bre de 2007. El Prefecto de La Paz, Don José Luis Paredes Muñoz, rati- 
ficó de manera formal la coronación que 15 años atrás había realizado el Pueblo Afroboliviano a favor de Don Julio Pinedo. 
   Este día el heredero del Príncipe Uchicho volvería a prometer "cuidar por la felicidad y el bienestar de todos los afrobolivianos", tras recibir (vestido con  
capa roja, ribeteada con motivos de leopardo, sobre túnica blanca) la corona y  
el bastón de mando de manos de la primera autoridad política de La Paz.
   La coronación comenzó con un desfile en la Plaza de Armas paceña, la Plaza de Murillo, donde tiene su sede el Gobierno y el Parlamento, con una nutrida participación de afrobolivianos, vestidos de blanco y una mezcla de prendas tropicales y andinas, bailando al ritmo de la "saya".
(2) 
Coronación Oficial de S.M. el Rey Don Julio I.
  "Tener Rey es el mayor símbolo de nuestra reivindicación cultural y social y tiene para nosotros una incidencia política muy fuerte", afirmó Martha Inofuentes, líder de la agrupacion Afroboliviana, el día de la coronación de S.M. el Rey Don Julio I (3). 
  El Secretario General de la Prefectura de La Paz, Don Alejandro Zapata, manifestó a la prensa que, desde su coronación, S.M. el Rey Don Julio I "debe recibir en la región todo el respeto y consideración, además del tratamiento protocolario de una alta autoridad, como un ministro o un presidente" (4).

Resolución Oficial de Proclamación del Rey Afroboliviano.
   Previamente, la Resolución 2033 del Consejo Departamental, Prefectura del Departamento de La Paz, de fecha 15 de Noviembre de 2007, en su artículo primero, resolvía "en uso de sus atribuciones señaladas en la Ley N° 1654 de Desconcentración de 28 de julio de 1995, reconocer al señor Julio Pinedo, natural de Mururata, municipio de Coroico, provincia Nor Yungas, como REY AFRO – BOLIVIANO". 
   En el artículo segundo, se reclamaba que "por el alto reconocimiento de la Prefectura del Departamento de La Paz al Rey Afro – Boliviano, la población debe mostrar todo el RESPETO, RECONOCIMIENTO Y CONSIDERACIÓN al Señor Don Julio Pinedo".
   Por último, en el artículo tercero, se decidía "fijar el día 3 de Diciembre de 2007 la CORONACIÓN FORMAL del señor Julio Pinedo y la imposición de Signos y Símbolos como Rey Afro – Boliviano". Los caracteres destacados figuran en la Resolución Original.
   Un minucioso considerando hacía, previamente, referencia a la importancia de preservar para las nuevas generaciones sus señas de identidad cultural, a la vez que se proclamaba la legitimidad de Don Julio como descendiente del Rey Esclavo Bonifacio.


Copia ratificada y legalizada por el Dr. Cristian Marcelo Viruez Yapur (Secretario Departamental de Asuntos Jurídicos del Gobierno Autónomo Departamental de la Paz) del Acta de Proclamación  
Oficial del Rey Afroboliviano, Don Julio Pinedo, por parte  
de la Gobernación de la Paz, con fecha de  
24 de Diciembre de 2012.
   Reconocimiento Constitucional de la agrupacion Afroboliviana (año 2009):
   Si importante, bajo el punto de vista jurídico, fue la coronación formal efectuada a iniciativa de la Prefectura de La Paz, mayor importancia reviste el reconoci- 
miento de la agrupacion Afroboliviana y sus Instituciones, que se efectúa en la vigente Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia del año 2009. 

Portada de la Constitución aprobada en el año 2009
  En el artículo 3 de la Carta Magna, se proclama que "la nación boliviana está conformada por la totalidad de las bolivianas y los bolivianos, las naciones y pueblos indígena originario campesinos, y las agrupaciones interculturales y afro - bolivianas que en conjunto constituyen el pueblo boliviano". Esta declaración queda concretada en el artículo 32 del texto constitucional al afirmar que "el pueblo afro - boliviano goza, en todo lo que corresponda, de los derechos económicos, sociales, políticos y culturales reconocidos en la Constitución  
para las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos".
   En el artículo 30 – II, vienen fijados detalladamente cuáles son estos derechos, entre los que nos gustaría destacar:
  -El derecho a su identidad cultural, creencia religiosa, espiritualidades, prácticas y costumbres, y a su propia cosmovisión. 
  -El derecho a que la identidad cultural de cada uno de sus miembros, si así lo desea, se inscriba junto a la ciudadanía boliviana en su cédula de identidad, pasaporte u otros documentos de identificación con validez legal. 
  -El derecho a la libre determinación y territorialidad. 
  -El derecho a que sus instituciones sean parte de la estructura general del Estado. 
  -El derecho al ejercicio de sus sistemas políticos, jurídicos y económicos acorde a su cosmovisión. 
  -Derecho a la participación en los órganos e instituciones del Estado.
  El reconocimiento de estos derechos y otros tantos que figuran en el texto constitucional son de suma importancia. 
  Por otro lado, en el Decreto Supremo nº29894, de 7 de enero de 2009, sancionado por el Excmo. Sr. Don Juan Evo Morales y Ayma, Presi- 
dente Constitucional del Estado Plurinacional de Bolivia, se recogen una serie de medidas tendentes a la preservación y fomento de las particularidades culturales, espirituales, históricas, organizativas y representativas de la agrupacion Afroboliviana.

Fotografía Oficial del Presidente del Estado Plurinacional  
de Bolivia, el Excmo. Sr. Don Juan Evo Morales.
  Una reciente ley del año 2011, declara el 23 de Septiembre Día Nacional del Pueblo Afroboliviano. Esta fecha recuerda aquel lejano 23 de septiembre de 1851, cuando el entonces presidente, Manuel Isidoro Belzu, abolió la esclavitud. El desarrollo legislativo de los principios constitucionales no se está haciendo esperar.
  El Primer Congreso de la agrupacion Afroboliviana, con la adopción de importantes resoluciones, ha tenido lugar los días 2 y 3 de septiembre de 2011, al amparo del texto constitucional. Un Diputado, en representación de la agrupacion Afroboliviana, forma ya parte de la Asamblea Nacional. Las declaraciones constitucionales no son "papel mojado" y tienen plena aplicación y vigencia. 
   No obstante, quisiéramos destacar, como muy significativo, el derecho atinente a que las Instituciones de la agrupacion Afroboliviana "sean parte de la estructura general del Estado", lo cual implica el reconocimiento constitucional de la Realeza Afroboliviana, de manera que ésta queda consagrada al más alto nivel jurídico.
  En suma, la República Plurinacional de Bolivia, de forma soberana, ha decidido incardinar en su sistema político la existencia de esta Monarquía Afroboliviana, que goza de la misma legitimidad, tutela y protección que la Constitución otorga a cualquier otro organismo o magistratura.
  Por extensión, el Fons Honorum de la Monarquía Afroboliviana, encarnada en Su Majestad el Rey Don Julio I, resulta incuestionable dado el reconocimiento legal de la Monarquía Afroboliviana, de lo cual se concluye el  legítimo derecho del Rey de los Afrobolivianos para hacer uso de las prerrogativas inherentes a su dignidad y cargo, estando entre ellas la potestad de expedir los reconocimientos y dignidades que estime oportunos,  en el ámbito del Derecho Premial, como medio para premiar a todas aquellas personas que merezcan ser distinguidas por sus méritos para con S.M. el Rey, el Pueblo Afroboliviano y la Humanidad. Hay que añadir que los títulos expe- 
didos por S.M. el Rey Don Julio Pinedo son ratificados expresamente por el Gobernador de la Paz que visa las Cartas Patentes de conce- 
sión, en reconocimiento de la legitimidad y autoridad tradicional del Rey Julio I, dentro del Patrimonio Cultural Afroboliviano.
 
 

Carta Patente de concesión de un título nobiliario por parte del Rey Julio Pinedo, legalizada ante Notario Público y visada por  
el Gobernador del Departamento la Paz el Sr. D. Cesar  
Hugo Cocarico Yana (6 de Enero de 2012).
   En lo que respecta a la integración de la agrupacion Afroboliviana en la estructura organizatriva del Poder Ejecutivo del Estado Plurinacio- 
nal de Bolivia  conviene tener presente el Decreto Supremo n° 29894, de 7 de Febrero de 2009, firmado por el Presidente Evo Morales, eje- 
cuta el diseño constitucional de un  Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, Democrático, Intercultural, Descentralizado y con Autonomías que, entre otros valores, demanda el cambio de pa- 
trones culturales que se encuentran en la mentalidad y en el compor- 
tamiento de los bolivianos.
  La estructura política del estado se concreta en la organización y competencias de la Presidencia y  Vicepresidencia, con sus respec- 
tivos gabinetes y unidades de apoyo, así como por los diferentes  Mi- 
nisterios, cuyas tareas y objetivos son ejecutadas por  las Ministras y los Ministros del Estado Plurinacional, según la relación siguiente:
a) Ministra(o) de Relaciones Exteriores 
b) Ministra(o) de la Presidencia 
c) Ministra(o) de Transparencia Institucional y Lucha Contra la Corrupción 
d) Ministra(o) de Autonomía 
e) Ministra(o) de Gobierno 
f) Ministra(o) de Defensa 
g) Ministra(o) de Defensa Legal del Estado 
h) Ministra(o) de Planificación del Desarrollo 
i) Ministra(o) de Economía y Finanzas Públicas 
j) Ministra(o) de Hidrocarburos y Energía 
k) Ministra(o) de Desarrollo Productivo y Economía Plural 
l) Ministra(o) de Obras Públicas, Servicios y Vivienda 
m) Ministra(o) de Minería y Metalurgia 
n) Ministra(o) de Justicia 
o) Ministra(o) de Trabajo, Empleo y Previsión Social 
p) Ministra(o) de Salud y Deportes 
q) Ministra(o) de Medio Ambiente y Agua 
r) Ministra(o) de Educación 
s) Ministra(o) de Desarrollo Rural y Tierras 
t) Ministra(o) de Culturas 
u) Ministras(os) Sin Cartera para desarrollar tareas especificas (hasta un número de dos)
  Dentro de esta organización política, la agrupacion Afroboliviana se ve, prioritariamente, concernida por las competencias ejercidas por  
el Ministerio de Culturas (artículo 114), cuya estructura jerárquica es como sigue:
Viceministerio de Descolonización 
 Dirección General de Administración Pública Plurinacional 
 Dirección General de Lucha Contra el Racismo.
Viceministerio de Interculturalidad 
 Dirección General de Promoción Cultural y Artística 
Dirección General de Patrimonio Cultural
  En este importante paquete de competencias, las citas de la Comu- 
nidad Afroboliviana se encuentran reseñadas, con carácter general,  
en el artículo 115 del precitado Decreto Supremo, donde se especifi- 
can las atribuciones de la Ministra(o) de Culturas, asignadas al nivel central por la Constitución Política del Estado:
a) Formular y ejecutar políticas de protección y difusión de las culturas existentes en el país. 
b) Proteger las riquezas culturales, religiosas, históricas y documentales; promoviendo su 
custodia y conservación. 
c) Implementar la participación de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, 
agrupaciones interculturales y afrobolivianas en la toma de decisiones de las políticas 
culturales. 
d) Establecer y ejecutar políticas de protección, conservación, restauración y custodia de 
monumentos, inmuebles y de todo el patrimonio material que se considere de interés histórico, 
religioso y cultural. 
e) Supervisar el cumplimiento de los convenios, acuerdos y tratados internacionales en materia 
cultural ratificados por el país. 
f) Formular y desarrollar políticas que contribuyan a que la diversidad cultural y los procesos de 
interculturalidad sean la base del desarrollo nacional. 
g) Coordinar la formulación de políticas culturales para la descolonización en el Estado 
Plurinacional. 
h) Promover la investigación, difusión y prácticas de culturas ancestrales y naciones originarias y 
pueblos indígenas desde el punto de vista antropológico, sociológico, arquitectónico, 
arqueológico, religioso, etnográfico y económico. 
i) Coordinar con Ministerios y entidades territoriales descentralizadas y autónomas, actividades 
que promuevan la descolonización y las prácticas interculturales. 
j) Articular políticas de cultura y turismo enfocadas al desarrollo económico local, regional y 
nacional, en coordinación con las instancias correspondientes. 
k) Efectuar el seguimiento y control de las instituciones nacionales y extranjeras, en el 
cumplimiento de las normas de conservación y custodia del patrimonio histórico,
arquitectónico, arqueológico, artístico, religioso, etnográfico y documental. 
l) Formular políticas y emprender acciones para la recuperación del patrimonio arqueológico y 
cultural nacional sustraído ilícitamente, tanto dentro como fuera del territorio boliviano. 
m) Elaborar políticas de protección y promoción del patrimonio inmaterial y la riqueza cultural de 
las naciones y pueblos indígena originario campesinos, agrupaciones interculturales y 
afrobolivianas. 
n) Implementar programas de aprendizaje de los idiomas oficiales del Estado Plurinacional. 
o) Formular e implementar políticas de prevención del racismo y cualquier otra forma de 
discriminación. 
p) Formular e implementar políticas de recuperación de la memoria histórica de los pueblos 
indígena originario campesinos, agrupaciones interculturales y afrobolivianas. 
q) Implementar proyectos y programas de inclusión de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, agrupaciones interculturales y afrobolivianas  
en el Estado Plurinacional. 
r) Establecer políticas de introducción de los saberes de las naciones y pueblos indígena 
originario campesinos, agrupaciones interculturales y afrobolivianas en el Sistema Educativo 
Nacional en coordinación con el Ministerio de Educación. 
s) Fomentar la apertura de mercados para la producción artística y artesanal de las naciones y 
pueblos indígena originario campesinos, agrupaciones interculturales y afrobolivianas.
Por su parte, el artículo116, siempre del mismo Decreto Supremo, señala las atribuciones del Viceministerio de Descolonización:
a) Coordinar con Ministerios y entidades territoriales autónomas la implementación de programas 
y proyectos de descolonización. 
b) Proponer e implementar políticas de gestión pública plurinacional. 
c) Fomentar la participación de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, 
agrupaciones interculturales y afrobolivianas, en la Administración Pública del Estado 
Plurinacional. 
d) Implementar políticas y acciones de revalorización de los conocimientos y saberes ancestrales de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, agrupaciones interculturales y afrobolivianas. 
e) Incentivar la eliminación de prácticas basadas en el señorialismo, patrimonialismo, 
patriarcalismo, racismo y burocratismo. 
f) Desarrollar políticas para la prevención y erradicación del racismo y la intolerancia cultural. 
g) Promover la interculturalidad como instrumento de desarrollo que genere expresiones 
culturales compartidas, adquiridas en base al respeto mutuo y de la convivencia social 
armónica. 
h) Implementar programas de formación en idiomas oficiales del Estado Plurinacional.
  Por último, el artículo 117 de la norma que venimos comentando,  reseña  las atribuciones del Viceministerio de Interculturalidad, en las que, de nuevo, se vuelve a reconocer la personalidad de la agrupacion Afroboliviana: 
a) Fomentar el diálogo intercultural entre las distintas naciones y pueblos indígena originario 
campesinos, agrupaciones interculturales y afrobolivianas. 
b) Promover la interculturalidad como instrumento de desarrollo que genere expresiones 
culturales compartidas, adquiridas en base al respeto mutuo y la convivencia social armónica. 
c) Formular políticas de protección, salvaguarda y difusión de la diversidad de expresiones 
culturales. 
d) Fomentar la participación activa de la sociedad civil en la protección y promoción de la 
diversidad de las expresiones culturales, mediante la implementación de programas y 
proyectos. 
e) Formular políticas de protección, investigación y difusión de los idiomas de las naciones y 
pueblos indígena originario campesinos. 
f) Diseñar y ejecutar políticas y programas de apoyo a sectores culturales emergentes en Bolivia. 
g) Fomentar planes, programas y proyectos de difusión, promoción e intercambio cultural y 
artístico dentro y fuera del país. 
h) Elaborar planes, programas y proyectos de investigación, recuperación, restauración, 
conservación, registro y catalogación del patrimonio cultural del Estado plurinacional. 
i) Supervisar el cumplimiento de la normativa vigente respecto a la conservación y custodia del 
patrimonio cultural boliviano. 
j) Formular políticas y estrategias de prevención y lucha contra el tráfico de bienes culturales. 
k) Promover el rescate de las costumbres milenarias vinculadas a la ritualidad, la medicina 
tradicional, las expresiones religiosas y festivas, apoyando su conservación y difusión como 
estrategia de soberanía cultural. 
l) Promover y gestionar la declaratoria de sitios de patrimonio mundial y patrimonio inmaterial de 
acuerdo a las convenciones internacionales.
  La importancia de que el Pueblo Afroboliviano se vea reconocido en esta normativa de superior rango, la cual establece la estructura política del Estado, es más que evidente. Por último, recordemos una vez más que al frente de la agrupacion Afroboliviana se encuentra Su Majestad Don Julio Pinedo, coronado Rey por las Autoridades Oficia- 
les de Bolivia el 3 de Diciembre de 2007, constituyendo la máxima fi- 
gura representativa de la Cultura, Señas de Identidad,  Alma y Sentir de los afro descendientes bolivianos.  
 
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(1) "Guía Boliviana de Transporte y Turismo", Mayo/92, Año XII – N° 132. 
(2) Martin Alipaz (Efe). 
(3)Declaraciones de Martha Inofuentes a la agencia de noticias Reuters el 3 de diciembre de 2007. 
(4)Declaraciones de Alejandro Zapata a la agencia Efe el 3 de diciembre de 2007. 
 
 FUENTE : http://www.casarealafroboliviana.org/fundamentos-juridicos.html

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